Con el océano Pacífico como telón de fondo y el secano costero marcando el ritmo de la agricultura, la Vendimia Marchigüe 2026 vuelve a reunir tradición, vino y proyección internacional en una provincia que ha aprendido a convertir su geografía en identidad.
Hay algo distinto en el aire de Marchigüe cuando llega marzo. El viento que baja desde la costa trae olor a tierra seca y uva madura. Los cerros del secano, ásperos y luminosos, enmarcan una escena que cada año se repite con matices nuevos: la cosecha ha terminado y es tiempo de celebrar.
La Vendimia Marchigüe 2026, programada para el 21 y 22 de marzo en el Parque de Los Vientos, no es solo una fiesta costumbrista. Es el punto de encuentro de un territorio que en las últimas décadas ha ido ganando nombre propio en el mapa del vino chileno.
En los stands conviven etiquetas de exportación con vinos de producción más acotada; en el escenario, la música popular acompaña las degustaciones; en los puestos de comida, el cordero, las empanadas y los productos del secano recuerdan que aquí el vino no se entiende sin la tierra que lo sostiene.
Pero detrás de la celebración hay una historia de transformación silenciosa.

Marchigüe: de zona agrícola a origen vitivinícola

El viñedo Marchigüe de la familia Errázuriz fue uno de esos hitos. Su apuesta ayudó a demostrar que este sector occidental del Valle de Colchagua podía producir vinos de alta gama, con elegancia y frescura, desafiando la idea tradicional de un Colchagua exclusivamente cálido y estructurado.
Con el tiempo, otros proyectos reforzaron esa intuición. Entre ellos destaca Viña Polkura, cuyo nombre —“piedra amarilla”— alude a los suelos graníticos que dominan el paisaje. Especializada en Syrah, Polkura ha construido una reputación internacional basada en vinos que reflejan con claridad la influencia costera: buena acidez, estructura firme y un carácter mineral que habla del origen.
Ambos proyectos han contribuido a que Marchigüe deje de ser solo una comuna agrícola y pase a ser reconocida como un terroir específico dentro del llamado Colchagua Costa.
Paredones y el impulso del litoral

Más al sur, en Paredones, la historia ha seguido un camino similar. Viñas como Casa Silva, La Estampa y Koyle han desarrollado proyectos en el sector costero del valle, apostando por variedades que encuentran aquí un equilibrio distinto gracias a la influencia marina.
Sus vinos han obtenido reconocimiento en mercados internacionales, consolidando la idea de que el litoral de Cardenal Caro no es una promesa, sino una realidad productiva.
El impacto no se mide solo en puntajes o exportaciones. Se percibe en el movimiento turístico, en las visitas a viñedos, en la gastronomía que se fortalece y en la creciente curiosidad por descubrir esta versión más fresca y menos conocida del vino chileno.
El secano que resiste

Sin embargo, no todo es inversión y posicionamiento global. En los cerros y planicies del secano sobreviven pequeños viñateros que cultivan como lo hicieron sus abuelos, dependiendo de las lluvias de invierno y del conocimiento transmitido generación tras generación.
La vendimia es también su momento. Un espacio donde el vino artesanal encuentra público, donde la tradición se exhibe sin complejos y donde la identidad rural se reafirma frente a los cambios del mercado.
En tiempos de escasez hídrica y variabilidad climática, su desafío es enorme. Pero su presencia en la fiesta recuerda que la historia del vino en Cardenal Caro comenzó mucho antes de las etiquetas premiadas.
Más que una fiesta
Por eso la Vendimia Marchigüe 2026 tiene un significado que va más allá del calendario. Es la escena donde convergen todas las capas del territorio: la inversión visionaria, el reconocimiento internacional, el emprendimiento local y la memoria campesina.
Entre brisas del Pacífico y suelos graníticos, la provincia ha ido construyendo un relato propio. Uno donde el vino no compite por parecerse a otros valles, sino que afirma su diferencia.
Cuando se levante la copa en marzo, no será solo para celebrar una buena cosecha. Será también para brindar por un territorio que encontró en el secano costero su mejor argumento para proyectarse al mundo.

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