PARTE 2
¿Aún no lees la primera parte? Comienza aquí.
Si el primer capítulo de esta historia explica cómo nació Espacio Bucalemu, el segundo permite comprender por qué el proyecto comenzó a llamar la atención dentro y fuera de Bucalemu. La respuesta no está únicamente en sus actividades ni en los servicios que ofrece. Está en una idea mucho más profunda: entender que el desarrollo turístico puede construirse desde la colaboración.

Una tarde cualquiera en Espacio Bucalemu resulta difícil de describir con una sola imagen. Mientras un grupo de personas participa en un taller creativo, otras recorren el Jardín de Pétalos. En la cafetería alguien conversa con un productor local y, unos metros más allá, visitantes descubren artículos creados por emprendedores del territorio. No existe un recorrido obligatorio ni una experiencia idéntica para todos. Esa diversidad no es casual: responde a una manera distinta de entender el turismo.
El valor de crear juntos

Uno de los conceptos que atraviesa todo el proyecto es el de turismo creativo.
Cuando se le pregunta qué significa para ella, Anabella González evita definiciones académicas.
Su respuesta es sencilla y, precisamente por eso, muy reveladora.
«El turismo creativo como concepto tiene mucho que ver con las industrias creativas, las artes, los oficios; con todo lo que tenga que ver con crear como acción».
La idea de crear aparece entonces como el verdadero eje del proyecto: Crear objetos, crear experiencias, crear espacios de encuentro, crear oportunidades. Pero también crear comunidad.
En esa lógica, un taller no constituye únicamente una actividad recreativa. Es una instancia donde una persona transmite un conocimiento, otra aprende un oficio y ambas generan una experiencia que difícilmente podría repetirse de la misma manera en otro lugar.
Ese intercambio transforma al visitante en un participante activo. Y esa es una de las características centrales del turismo creativo: dejar de observar un territorio desde afuera para comenzar a vivirlo desde adentro.
Cuando la colaboración encuentra un lugar

Quizás el mejor ejemplo de esa filosofía sea la creación de Alianza B, una red que hoy reúne a emprendedores, artesanos, creadores y productores vinculados a Espacio Bucalemu.
Lo interesante es que, según relata su impulsora, la red tampoco nació como un proyecto diseñado desde el inicio.
Fue una consecuencia natural del crecimiento del espacio.
«La red de colaboración surge por una necesidad de construir algo, de entregar un espacio para poder hacer más actividades comunitarias… Más que una decisión, creo que fue un camino natural que se fue dando».
Las personas comenzaron a acercarse. Algunas buscaban un lugar donde desarrollar talleres. Otras necesitaban un espacio para exhibir sus productos.
Los eventos organizados antes incluso de que existiera la tienda permitieron generar esos primeros vínculos.
Con el tiempo, la colaboración dejó de ser una relación entre dos personas y comenzó a convertirse en una red.
«Cuando vi que empezó a crecer este grupo de personas, me pareció que lo más adecuado era unirnos varios y poder generar este grupo, esta alianza para fortalecer el trabajo, intercambiar ideas y organizar mejor las distintas actividades».
Ese relato resulta especialmente significativo porque muestra que Alianza B no surge como una estructura administrativa. Nace como una respuesta práctica a una necesidad compartida. Es la comunidad la que va dando forma al proyecto. No al revés.

Una alternativa para mirar Bucalemu
La experiencia acumulada durante este proceso también permitió identificar una oportunidad mayor.
Bucalemu es reconocido por su playa, su humedal y su paisaje costero. Sin embargo, quienes impulsan Espacio Bucalemu creen que el territorio puede ofrecer mucho más que una visita estival.
Puede convertirse en un lugar donde siempre haya algo que descubrir. Donde la cultura local complemente a la naturaleza. Donde el encuentro con las personas tenga tanto valor como el paisaje.
Esa mirada se proyecta también hacia el futuro.
Anabella González imagina un espacio abierto permanentemente, con una programación estable de talleres, actividades culturales y nuevos servicios de cafetería, consolidándose como un lugar de encuentro para residentes y visitantes.
«La idea es mantener una cartelera permanente de actividades, reforzar los talleres y los eventos, crecer hacia el exterior, mantenernos abiertos durante todo el año y posicionarnos como un punto de encuentro acá en Bucalemu, como una alternativa a la playa y al tema del balneario».
Esa declaración resume, probablemente, la verdadera aspiración del proyecto. No competir con los atractivos tradicionales del balneario. Sino complementarlos.
Demostrar que Bucalemu puede ofrecer experiencias significativas durante los doce meses del año y que el turismo también puede construirse a partir de la creatividad, la colaboración y la identidad de quienes habitan el territorio.
Fue precisamente esa visión -más que la suma de actividades o servicios- la que llevó a Espacio Bucalemu a representar una propuesta distinta dentro del Torneo de Ideas de CircuitOH! Pichilemu 2026.
Y es también la que permite comprender que el reconocimiento obtenido constituye mucho más que un premio: es la validación de una forma diferente de imaginar el desarrollo turístico del Secano Costero.










